1. Fey, la mesera de un culo divino: Su primera vez


    Fecha: 19/09/2022, Categorías: Anal Autor: Tonyzena67, Fuente: CuentoRelatos

    Conocí a Fey unos dos años antes de mi retiro. Yo cumplía 43 años y ella acababa de cumplir sus 21, pues el cliente que me invitó a almorzar a este restaurante enfatizó este hecho, pues ahora Fey era lo suficiente adulta para servir bebidas alcohólicas. Debo decir que desde el primer momento me atrajo esta chica y tuve la sensación de que esa energía era mutua. Sentí que esa tarde ella había coqueteado conmigo, hubo algunas miradas que me hicieron intuir que, a pesar de mi edad, le parecía a esta chica atractivo.
    
    La nota decepcionante me la dio mi cliente, pues al salir me hablaba de que todas esas chicas eran muy buenas para coquetear, eran parte del servicio, era la visión de este restaurante. La verdad de que todas las meseras oscilaban entre los 18 a 27 años y todas ellas con cuerpos esculturales y rostros atractivos. Como uniforme ocupaban pantalones cortos bien ajustados, o pantalones de licra o leggings bien ajustados a sus sensuales cuerpos y con una camiseta deportiva regularmente blanca con el logotipo del lugar donde se podía apreciar sus espectaculares bustos. Realmente era un desfile de lindas chicas para todos los gustos.
    
    Fey me llamó la atención más que todas por su físico exótico. Su madre era una bella mujer de descendencia africana quien había nacido en Brasil y su padre un coreano que radicaba en Panamá y Fey tenía la mezcla de estos dos mundos con su piel típica de la mujer latina y su rostro de una bella chica hawaiana. La verdad que era atractiva y su belleza se exponía aún más usando ese atuendo típico de uniforme donde sobresalían un espectacular trasero que, de solo mirarlo lo hacían a cualquiera fantasear. Fey es de esas chicas de rostro bello, bustos generosos y trasero espectacular. El día que la conocí, llevaba puesto un pantalón deportivo blanco, donde se lo podía notar la tanga que llevaba puesta y era una delicia contemplar tan bello monumento.
    
    El restaurante estaba cerca de mi oficina y me hice de la rutina de visitarlo al menos dos veces a la semana. Me tomó algunas semanas entablar cierta confianza entre las chicas y ya para la quinta, ellas me identificaban por mi nombre. Todas eran un perpetuo coqueteo, pero la que me interesaba no lograba intuir cuales eran las mesas que servía, hasta que llegué un buen día con suerte y me atendió Fey con esa dulce y coqueta sonrisa que tiene. Debo decir que todas ellas eran maestras de la coquetería, pero creo que la mayoría de los clientes saben que todo eso es parte del servicio. Desde mi mesa podía ver como algunas se sentaban en las piernas de sus clientes, se daban ese beso de despedida, esas murmuraciones al oído, o como friccionaban sus traseros en cualquier parte del cuerpo de ese cliente que podía redituar una buena propina.
    
    Con Fey al igual, me tomó algunas semanas lograr ese sentido de confianza para que ella fuera más libre y confortable con su coqueteo, pero poco a poco se fue acercando hacia mí, al punto que se sentaba y me daba bocadillos con sus ...
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