1. Sexo en la iglesia


    Fecha: 18/07/2022, Categorías: Sexo Oral Autor: Legasex, Fuente: CuentoRelatos

    Ayer por la mañana saliste de casa sin rumbo fijo, te habías levantado con esa sensación de que todo estaba gris, sin ningún valor ni aliciente…
    
    Entre tu casa y el mercado hay una iglesia, la cual dicen que por dentro es valiosa por las tallas que tiene. También te has fijado que muchas mujeres yendo a la compra, incluso llevando sus carritos, entraban a la misma. No eres una persona creyente, las religiones siempre te han parecido causa de odios y guerras, eres temerosa de tus propios actos e intentas no causar daño a nadie y sacando unas palabras –no exactas- de la Biblia, te basas en la ley del talión, o esa que dice más o menos "no hagas a los demás lo que no quieras para ti, pues el mismo boomerang puede alcanzarte". Vaya… me estoy descarriando un poco de lo que quería contar.
    
    Entraste a la citada iglesia con la intención de visitarla y sentarte un rato, al igual que si lo hicieras en un banco de la plaza. En los primeros bancos estaba sentado un hombre que parecía muy concentrado en sus rezos. Te fuiste acercando a los laterales donde te habían indicado lo de las tallas y sí, realmente había un par dignas de mención, cosa que no describiré pues no soy entendido en arte, sólo podías decir si te gusta o no. Entonces percibiste otra figura más apartada y con disimulo te acercaste a ella y… me viste; nunca habíamos cruzado una palabra, pero sabías muchas cosas de mí, que era un hombre inteligente, vivía con pareja, algo extrovertido con la gente, pero sí muy apreciado por mis pocos amigos. Te atraía, eres bastante parecida en muchos sentidos -vivir con pareja, pero independiente y con alguna rareza.
    
    Con disimulo para que no se te notara a una legua, te acercaste y te paraste mirando un cuadro de la pared junto al banco donde estaba sentado. Eres mujer con algunos recursos e imaginación cuando se trata de lograr algo, y a veces, no siempre, lo consigues. Repito, te acercaste y disimulando una especie de dolor de cabeza, te apoyas en el banco donde yo estaba y dijiste "Perdón, déjeme sentar… me ha dado un vahído y temo desmayarme".
    
    Con gentileza yo te cogí del brazo y te hice sentar a mi lado, te pregunté si había alguna causa para ello y si te podías ayudar. "No –respondiste- sólo ha sido un pequeño trastorno, quizás es que mi desayuno ha sido muy ligero, gracias, ya me voy recuperando".
    
    Mas como eres un poco "mimosa” te acurrucaste más a mi lado rozando casi las mejillas. Tu ardid plan no tardó en hacer su trabajo, te cogí las manos, me acerqué más a tu rostro y súbitamente te besé. El primero fue suave, gentil diría, pero pronto, los besos se hicieron apasionados, ardorosos y naturalmente tú me los devolviste. ¡Mis manos ya no estaban quietas, buscaban la abertura de tu blusa para introducir mis ágiles y potentes manos, me dejaste y las tuyas, buscaron lo que tanto deseabas, mi entrepierna y… gozo! Estaba teniendo una erección más que pronunciada. Una de mis manos mientras se deslizaba en tu fina blusa buscando tus ansiosos ...
«12»